
Mario CASTELLANOS ALCAZAR.
Sí, el 28 de septiembre, Oaxaca, pasó del semáforo anaranjado a amarillo en medio de la crisis del COVID- 19, que no cede en la entidad oaxaqueña, pero tampoco a nivel nacional, sin embargo, la política del gobierno es apresurar el cambio de color para llegar a verde, cuya finalidad es normalizar las actividades productivas y sobre todo la economía estatal y nacional, dejando la responsabilidad a la sociedad en su conjunto.
Hasta hoy, a siete meses de la pandemia, el país se mantiene guiado por la semaforización, esto es, 15 Estados en color naranja, 16 amarillos y un verde con un resultado de 738 mil 163 casos confirmados y 77 mil 163 fallecidos, lo que no implica una disminución en el número de contagios y muertes, sino un incremento, sí se toma en cuenta que estas son las cifras oficiales, pero el número se puede triplicar, porque no se cuenta con los contagios ni fallecimientos que ocurren en los domicilios o en las comunidades marginadas, es decir, de los que no se dieron de alta.
En Oaxaca, no estamos exentos de los fatales daños a la salud por causa del coronavirus, ya que se trata de una entidad en donde el sistema de la salud está en grave crisis de rezago por la falta de infraestructura hospitalaria, pero también, por la falta de medicamentos, material de curación, laboratorios, la falta de presupuesto y la corrupción de los funcionarios que administran la salud de los oaxaqueños.
Así, en la víspera del cambio del color anaranjado a amarillo, que supuestamente indica que vamos bien, o vamos mejorando, que los contagios y muertes van a la baja, es todo lo contrario, todo va en aumento, por ejemplo, en las últimas 24 horas se dieron a conocer oficialmente, que, en Oaxaca, hubo 160 nuevos casos positivos del COVID- 19 y diez fallecidos, esto, conservadoramente, lo que da como resultado un acumulado de 16 mil 820 contagios y mil 441 fallecidos.
No digamos a nivel nacional, con 738 mil 163 casos confirmados y 77 mil 163 fallecidos, hablando en términos oficiales, pero la realidad es otra, que está a discusión entre el Gobierno Federal y los Estatales, debido a que los números no cuadran y por lo mismo, hay un bloque de diez gobernadores de igual número de entidades, principalmente del PAN, que renunciaron a la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) y hasta llegaron a pedir la renuncia del Sub Secretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López Gatell, por el hecho de que no está manejando profesionalmente las medidas para combatir la pandemia, desde su prevención hasta el manejo de las cifras.
Así, el gobierno de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, ha sido afines con la política del presidente Andrés Manuel López Obrador, en este caso de la pandemia, sigue las mismas estrategias y las reglas sanitarias, sin embargo, esta entidad ha sido asolada por el COVID- 19 por múltiples factores que van con la pobreza, marginación y la desnutrición de sus habitantes en las comunidades indígenas y apartadas de la civilización en donde no tienen atención médica.
En Oaxaca, el sector salud, ha sido preocupación, no solo del gobierno estatal, sino de la población, esto por la falta de medicamentos, que no es de ahora con la pandemia, sino de años atrás- y por lo mismo, no se han hecho esperar las manifestaciones de los trabajadores de la salud porque no cuentan con el equipo de su propia seguridad sanitaria: cubre bocas, mascarillas, guantes, anti bacteriales, entre otros.
En la actualidad, en Oaxaca, no hay recursos financieros para combatir la pandemia- y por este motivo, el gobierno estatal anunció la desaparición de algunas áreas de la administración pública, pero para esto, habrá recorte del personal de confianza, cuyas funciones no se justifiquen, sin embargo, esto augura, un serio problema de carácter político, económico y social, pues representa un golpe, que agudizará el desempleo y por supuesto las manifestaciones de los sectores afectados, todo para recuperar recursos económicos que se destinarán al coronavirus.
En verdad, que la situación de la quiebra de las finanzas del Estado de Oaxaca es crítica, pues no solamente, no hay finanzas sólidas; están en números rojos, por lo que el Secretario de la Sección 35 del Sindicato de los Trabajadores de Salud en el Estado, Mario Félix Pacheco, señaló que desde el pasado 29 del presente mes convocó a un paro de labores de más de diez mil trabajadores de la salud, debido a que el Ejecutivo del Estado les adeuda un bono de diez mil pesos, que daría al personal médico y paramédico, a cada uno, como una compensación por estar en primera línea en la curación de la pandemia.
Este bono, que se haría en dos pagos, no les llegó, porque no hay recursos económicos- y, por tanto, en plena pandemia, los más de diez mil trabajadores de la salud de Oaxaca se fueron a un paro estatal de carácter indefinido. Es decir, cerraron hospitales y centros de salud, atendiendo solo casos de emergencia, lo que representa un alto riesgo para la salud de los oaxaqueños.
Esto no es todo, también, en Oaxaca, desde el gobierno, se pretendió hacer un descuento a los salarios de los trabajadores de confianza, según para recopilar más de 90 millones de pesos que se destinarían a la compra de medicamentos para combatir el COVID-19, sin embargo, esta estrategia resultó fallida, ante la intervención de la LXIV Legislatura del Estado, que salió en defensa de los burócratas, que ahora pueden ser despedidos.
La situación está candente y por consiguiente se esperan nuevas medidas y estrategias para evitar mayores contagios del coronavirus, no solo a nivel estatal, sino nacional, con el fin de evitar un rebrote para los últimos meses del presente año.
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